Feeds:
Entradas
Comentarios

Te leo todas las noches
y me sumerjo en tus letras.
Devoro tus comas
y me sosiego en tus puntos aparte;
me quedo quieto en tus puntos suspensivos
y me ahogo en tus exclamaciones.
Afanado recorro tus páginas
hasta llegar al punto seguido.
Me deslizo lentamente
por tus sintagmas.
Y bebo sorbo a sorbo tus vocales…
Ahora me aquieto en tu suspenso
y arremeto sin pudor
hasta llegar al punto final.

 

image_evento_final_8631_2014-02-05_08_38_38

Anuncios
Me enamoré un poco más aquella tarde parda y fría de invierno cuando todo era un principio y en la que envuelta en un abrigo largo y negro, un gorro de lana calado hasta las cejas, la bufanda con la que protegía su boca al viento y con sus brazos pegados al costado, cruzó a la carrera una calle oscura  de Gerona con la leve amenaza de un coche en la distancia. Fue la primera percepción real que tuve de ella y la certeza de que era una mezcla de valor personal y miedo incrustado en las emociones, de decisión y de más fragilidad de lo que nunca admitiría y que tenía a la vez, como fuerzas contrapuestas, la dureza de un diamante y la luz y el calor de un universo reflejados en la sonrisa. Entonces la alcancé  caminando despacio hasta su lado y la atraje suavemente hacia mí intentando sortear  y romper en mil pedazos sus temores con mi abrazo. Supe también en ese instante que era la suma de pequeñas cosas, contradictorias a veces, ninguna más sobresaliente que las otras, pero todas juntas la hacían especial y única a mis ojos.
Luego descubrí mirando a hurtadillas su interior, el origen de ese frío que le quemaba en los huesos, el origen de un escepticismo vital que se enquistó en el fondo de su alma una mañana en que se despertó echando de menos el calor de una madre que un día se fue para no volver, conocí que las trampas de la vida en forma de traiciones fueron alimentando esos demonios y entendí que estaba  prisionera para siempre de sus dudas, prisionera de la sensación de miedo de los náufragos que buscan un tablón al que aferrarse sintiendo la angustia de creer que en realidad ninguno lo sostiene con la certeza que lo hará una tierra firme vagamente prometida. Y entonces amé aún más sus luces y sus sombras, esperando confiado que todo el amor guardado a lo largo del tiempo sería suficiente para llenar un vacío que aunque no me pertenecía, también era mío desde el momento en que le di mi corazón con la certeza ciega de que jamás lo rompería.  
Pero un día el aire arrastró el eco de unas  palabras que desnudaban la verdad que se escondía en los silencios, palabras que a su paso helaron mi corazón mientras empezaba a romperse poco a poco, palabras que fueron sellado mi boca, que taparon mis oídos, que cerraron mis ojos a una realidad  de la que no quieres hablar, a la que no quieres mirar, que no quieres ver, porque ahora también se han desatado tus propios demonios, que te abrazan con la fuerza y el vértigo del miedo que tienes a perderla definitivamente después de buscarla toda una vida, pero sabes que ha llegado el día, que ha llegado la hora de elegir entre ir soltando amarras, levar anclas dejando atrás cosas, lugares y personas en las que ya no encajas o entre dejarte deshacer en esa orilla lentamente, tan alejado de ti que en la distancia ya no te reconoces porque has dejado de vivir tu vida por querer vivir en la vida de otra persona y te has negado tres veces a ti mismo.
Ahora es inevitable y tienes que elegir entre ser feliz en otro paisaje o tener razón, sabiendo que tener razón y querer demostrarlo supone un desgaste que no vale la pena porque es perder el sueño por intentar cambiar el universo o porque es imposible contener un alud con tan solo abrir tus brazos. Y entonces te instalas en la duda porque a pesar de todo lo evidente quieres aferrarte a la magia de un sueño inconcluso, quieres tener la certeza de que cuando una pesadilla del pasado amenace tu sueño estará a tu lado y que tus monstruos huirán al conjuro de su abrazo y porque quieres estar despierto cuando los suyos se acerquen en silencio al borde de su alma, porque aún te gusta escalar sus montes y perderte en sus valles más húmedos y oscuros, y también por las raíces que ya tienes en la tierra que abres con tus manos, esa tierra que riegas con tu sudor y que vuelve a ti en forma de olores y sabores, porque quieres seguir percibiendo en la oscuridad el tenue olor del jazmín que trepa por las paredes emborrachando tus sentidos, porque quieres sentir una vez más la suave rugosidad del árbol de la pimienta, el murmullo coral que sale del interior de la colmena, del viento del sur y el tañido de la campana, de la Luna en el horizonte mientras se mira en el mar, de Venus, de Marte, del cinturón de Orión y de esa Vía Láctea que se dibuja en la noche como un camino de estrellas que miraba sentado en la ventana sin percibir que en realidad estaba al borde de un precipicio emocional que iba extendiendo sus manos lentamente consciente de su triunfo y mi ignorancia.
Finalmente he optado por intentar ser feliz, elegí el dejar que el viento me despeine las certezas, la posibilidad de perderme en el camino buscando un trébol de cuatro hojas, elegí también el que no me importe si estoy cansado de que los errores me lastimen, de que las ilusiones se apaguen, porque aunque a veces todo me parezca nada elegí dejarme abrazar por el olor de la vainilla,elegí correr detrás de mis sueños sabiendo que puedo tropezar y caerme, quedarme en el lugar en el que me rompió el corazón y enfrentarme al dolor y la nostalgia de lo que nunca viví, elegí perdonar olvidar continuar, envidiar la memoria de un pez porque puede volver a enamorarse cada siete segundos, pero sobre todo, elegí dejarme en paz, porque de tanto pelear conmigo mismo he olvidado a que sabe una sonrisa.

“Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven…”

“Rayuela”. J. Cortázar

 

20121023214811-9aa6ae8a

 

Sirenas…

La había llamado y soñado tantas veces que cuando apareció ya recordaba la suavidad de cada uno de los pliegues de su boca y con ella a mi lado, no extrañaba nada. Me olvidé del mundo, me olvide de mí sin saber que en realidad me estaba perdiendo en un lugar de sirenas que nadaban en un mar de sentimientos temporales, ignoraba que esos son los pequeños detalles que se escapan en los sueños, el mío era el de un sentimiento que se perdiera en el tiempo y viajara en la distancia. Amaba cada centímetro de su piel, su olor, el sabor de su sonrisa vertical, cada pelo y cada poro de su cuerpo. Aún no sabía que era una sirena que en algún lugar ocultaba espinas y  escamas y le di mi vida entera a rebanadas para demostrarle al mundo que era mentira el que la felicidad siempre es más pequeña que los sueños.
Ahora, con cada anochecer intento dejar ir un amor sin destino con la esperanza de que se aleje y encuentre refugio en la casa de las nubes, también con la certeza de saber que volverá con la mañana en forma de una gota de rocío sujeta en la larga lengua de una mariposa o en ese destello de sol que se  filtra entre las hojas de los árboles en un ciclo eterno de retorno.
Pero yo no quiero convivir con la derrota porque el ahora y el mañana son míos, sólo a mí me pertenecen…

 

“Posiblemente me quisiera, vaya uno a saberlo, pero lo cierto es que tenía una habilidad especial para herirme”
 Mario Benedetti, La tregua.

“Quizá fue un derrumbe de algun modo previsto
ah¡¡ pero mi tristeza solo tuvo un sentido
todas mis intuiciones se asomaron
para verme sufrir
y por cierto me vieron
hasta aqui habia hecho y rehecho
mis trayectos contigo
hasta aqui habia apostado
a inventar la verdad
pero vos encontraste la manera
una manera tierna
y a la vez implacable
de desahuciar mi amor
con un solo pronostico lo quitaste
de los suburbios de tu vida posible
lo envolviste en nostalgias
lo cargaste por cuadras y cuadras
y despacito
sin que el aire nocturno lo advirtiera
ahi nomas lo dejaste
a solas con su suerte
que no es mucha
creo que tenes razon
la culpa es de uno cuando no enamora
y no de los pretextos
ni del tiempo
hace mucho muchisimo
que yo no me enfrentaba
como anoche al espejo
y fue implacable como vos
mas no fue tierno
ahora estoy solo
francamente
solo
siempre cuesta un poquito
empezar a sentirse desgraciado
antes de regresar
a mis lóbregos cuarteles de invierno
con los ojos bien secos
por si acaso
miro como te vas adentrando en la niebla
y empiezo a recordarte.”

M.Benedetti

Cartas del Gero (5)

Gonzalo colega, tengo que hacerte una pregunta, te cuento:
Al salir de Granada, a la vuelta de unas vacaciones a las que me llevé a la Yoli, a casa de unos primos en Montefrío para a ver si arreglaba lo nuestro va y me dice que ha escuchado que se viaja mejor en primera y yo voy y le hago caso. Cuando llevábamos ya 10 horas y sólo estábamos en Málaga empecé a mosquearme y le pregunte: Oye Yoli, tú estás segura de que has oído bien eso de que se viaja mejor en primera?, y ella con esa cara de asco que pone cuando algo no le gusta va y me suelta que a ver si me creo que ella es como yo que no me entero de nada, como aquella vez que me lo monté con su hermana y como no tenía ningún condón nuevo lavé uno con lejía y todo, pero luego se rompió y  no veas el susto que tenía pensando que si se había quedado embarazada, con lo fea que es la hermana, que para un apaño vale colega, que lo había escuchado en la Ser. Yo viendo el marrón quería cambiar de conversación y en esas que veo un fuego en un monte y voy y digo si será por tantos incendios lo del cambio climático y que a lo mejor eso había influido en el final de lo nuestro y me suelta que eso y los cuernos, es que no estamos cargando el planeta le dije para salir del asunto. Total que sigo en primera y al llegar a la altura de Alicante al día siguiente, empieza a salir humo del motor y se para el buga. Tres horas tiraos esperando la grúa Gonzalo, colega, tres horas con el solazo que caía y nosotros en mitad de la carretera en un secarral desde el que se veía Terra Mítica o algo así en plan parque de Disney o Port Aventura pero peor, creo. Total que llega al cabo de ese tiempo un maromo con la grúa y una cara de chungo que no te imaginas, el tío me miró de una forma que me acojonó un poco y eso que ya sabes que yo no me corto, pero me corté, la verdad. Al cabo de un momento se acercó y al ver a la Yoli que se había quedado dormida con las piernas abiertas, sin bragas que decía que le molestaban con tanto calor y la falda negra que le había comprado yo en Bershka a ver si le cambiaba el punto de rebote por lo de la Jennifer que se le había subido a la cadera, al tío le cambio el careto y me dijo que me llamo Moisés sin quitar la vista de la Yoli. Luego de subir el buga al camión, el Moisés va y me dice que me suba detrás en mi buga y que agache la cabeza por si los civiles y que la Yoli que ya se había despertado, suba conmigo delante que no cabemos los tres, con un tono de voz que no me gustó ni un pelo pero la Yoli dijo que sí que vale que detrás hace mucho calor y eso aún me gustó menos y me mosqueó más, pero como andaba un pelín acobardado me callé y subí.  Tío, aún no habíamos recorrido cien metros y el camión empieza a moverse de un lado al otro, levanto la cabeza para mirar qué cojones pasa, no veo a la Yoli y entonces ya sé lo que pasa, que la Yoli es muy guarra y no le dice que no a nada, bueno a mí desde lo de la Jenny, sí. Quiero decir que no me deja, ya sabes, te lo aclaro por si te has perdido. Bueno que llegamos al pueblo y yo encabronado como estaba me voy al primer bar que me encuentro para tomarme una tónica o un agua con gas para bajarme la tensión y el cabreo que hace que al hablar tartamudee y quería decirle a la Yoli cuatro cosas bien claritas. Total que intento pedir una Schweppes y con la puta tartamudez al tercer intento veo que todo el mundo en el bar se había callado y me quede bastante cortado la verdad, menos mal que reaccioné rápido y señalando una botella de Ron Pujol le indico que me ponga uno, ya sabes que tengo mejor facilidad para expresarme de cualquier forma que yo que sé. El tío de la barra me hace un gesto y creyendo que me ha entendido le hago eso de los surfistas de la peli Surf Ninjas, ya sabes con el dedo gordo para arriba y el pequeño estirado, como diciéndole vale y me pone una copa que parecía un balón de fútbol, el muy cabrón, pero como toda la peña aún seguía callada me lo trinqué de dos tragos largos pensando en abrirme lo más rápido. Qué pedal colega, qué pedal, puto calor, adiós Chiquito me dijo el de la barra cuando salía intentando parecer que estaba bien y que controlaba, el muy hijo puta. Total que salgo, y no está ni la grúa, ni el coche, ni el Moisés ni la Yoli y llevo aquí tirado un montón de horas, crees que el coche tendrá algo grave, tú qué harías? Autostop o qué?.
Contestame rápido que estoy en un ciber y van a cerrar.                                               Gero

Me gustaba caminar dos o tres pasos detrás de ella, no sólo porque los paseos a su lado tuvieran siempre algo de maratón, sino por el simple placer de contemplar el baile hipnótico de sus caderas saludando con su ritmo a un lado y otro de la calle. Su culo me gustaba especialmente, por lo que siempre tenía puesto el freno en mi mano, no fuera que entre baile y baile, entre compás y compás, se me escapara algún pellizco o quisiera arrinconarla al abrigo cómplice de un callejón y meter mi mano entre la cintura de su pantalón más allá de sus braguitas, jugando a buscar mi sol entre las sombras de su cuerpo.
Esperaba, siempre con un punto de impaciencia, la llegada de la noche, acostarme a su lado y abrazarla, notar la desnudez de su pecho junto al mío, un completo, decía entre risas, pero yo siempre quería un poco más y ella con el tiempo, un poco menos. Mientras hablábamos del día pasado o de los que vendrían cerraba los ojos y muy lento, muy suavemente, recorría con mis manos cada centímetro de su cara, de su pelo, hasta quedarme dormido en sus palabras.                                                              Yo entonces aún no lo sabía, pero con ese gesto estaba aprendiendo a construir un muro de recuerdos, estaba aprendiendo a olvidarla.
“ …Quiéreme, ahora que llegó el final, quiéreme, sin mas puntos suspensivos, quiéreme, aunque venga el bien del mal, quiéreme, como si estuviera vivo…”
Quiéreme. L.E.Aute

Es un cambio sutil, es una humedad apenas perceptible que en el silencio de la noche se va instalando en ti y lo moja todo. Es la humedad que anuncia que el otoño se acerca y el anuncio de su visita lo trae en su interior una nube más densa que las otras, lo anuncian también los pájaros que vienen del norte o la brisa suave y fría que recorre tu piel y la mañana.                         Ahora mi paisaje es otro, no es el que vi ayer, tampoco es el que veré mañana. Fijo la mirada en el camino que se abre ante mí y mientras voy recogiendo mi equipaje, pienso que sí, que el tiempo está cambiando, y las cosas, y yo. No es mucho lo que queda de mi vida anterior, algo de ropa, un coche que empieza a ser viejo, fotos de otros tiempos, de aquellos en los que empezaba a correr detrás de la sombra de mis sueños, el arco y las flechas que dejó un cupido torpe y desgarbado al que despedí porque no acertaba una, alguna ilusión, alguna esperanza, palabras de amor prendidas de alfileres que quiero guardar para volver a estremecerme con ellas algún día y un baúl repleto de recuerdos. Entre ellos el de una tarde fría y gris en otro otoño, en otro lugar, cuando todas las ilusiones eran nuevas, cuando todas las caricias estaban enteras y no había un rincón que guardase los besos perdidos. Recuerdo la brevedad de su mano buscando el calor de la mía, las ganas de abrazarla, un beso, el silencio siguiente, su mirada, la emoción del momento, el amor absoluto que sentía.                        

Es todo mi equipaje.                                                                                                                                         

“El unicornio azul, ayer se me perdió, no sé si se me fue, no sé si se extravió…y puede parecer acaso una obsesión, pero no tengo más que un unicornio azul y aunque tuviera dos yo solo quiero aquel…mi unicornio azul se me ha perdido ayer, se fue”.  

 El unicornio azul. Silvio Rodriguez.